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El postureo político con la energía: por qué lo que nos piden es tan absurdo y peligroso

El postureo político con la energía: por qué lo que nos piden es tan absurdo y peligroso

Cada año, a finales de marzo, los líderes mundiales nos piden que nos unamos a "La hora del planeta". ¿Por qué debemos apagar la luz?

Cada año, a finales de marzo, llega "La hora del planeta". ¿En qué consiste? En apagar las luces. Sí, de eso va esta iniciativa: de apagar las luces durante 60 minutos (normalmente a las 20.00 del último sábado de marzo). ¿Por qué? Como un gesto. ¿De qué? De que gastamos demasiado, de que estamos al límite en el uso de los recursos, de que tenemos que cambiar de rumbo.

De todas las iniciativas para luchar contra el cambio climático, quizás ésta sea la más exitosa. Gobiernos y partidos, sindicatos y grupos de consumidores, asociaciones y empresas... apenas hay ninguna organización que se queda fuera. Todos se suman a "La hora" y todos nos piden que nosotros también lo hagamos.

Por eso, esta semana, unos días después de la fecha elegida para este 2022, Nuria Richart y Domingo Soriano le dedican este episodio de La Pizarra de Domingo Soriano. Y se preguntan si tiene algún sentido, si se consigue algo y si el mensaje que subyace (que consumimos demasiada energía) es cierto. Es más, plantean una cuestión clave: ¿qué deberíamos apagar para reducir nuestro consumo de combustibles fósiles? Un interrogante complicado de responder, pero fundamental. Porque nuestros políticos nos han dicho que estamos ante una emergencia climática. Una retórica que no deja lugar a dudas: no podemos esperar más, tenemos que actuar y hay que hacerlo de forma decidida. Por lo tanto, nos asegura que mantener nuestro consumo de energía proveniente de combustibles fósiles no es una opción (por no hablar de incrementarlo, como ha ocurrido en los últimos años).

El problema, como nos contarán Soriano y Richart, es que eso no es tan sencillo. Como explica el fantástico libro de Alex Epstein "La cuestión moral de los combustibles fósiles" (Deusto), para los habitantes más pobres del planeta, el uso del carbón, el petróleo o el gas es cuestión de vida o muerte. No, no exageramos: si el aporte de energía "barata, abundante y fiable" que permiten estos combustibles, millones de personas morirían de hambre o frío, por no acceder a tratamientos médicos o por falta de ingresos derivados del colapso del transporte global. El mundo sigue quemando toneladas de carbón y petróleo cada año... ¡y menos mal que podemos hacerlo!

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