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En esta ocasión es José María Marco quien contesta a las preguntas de Nuria Richart y Tomás Cuesta sobre el retrato definitivo del político republicano.

José María Marco presenta 'Azaña, el mito sin máscaras'

En esta ocasión es José María Marco quien contesta a las preguntas de Nuria Richart y Tomás Cuesta sobre el retrato definitivo del político republicano.

Este jueves, 20 de enero se presenta Azaña, el mito sin máscaras (Ediciones Encuentro, 2021) en Barcelona, en la Librería Byron (Casanova, 22) y el próximo jueves, 27 de enero, en Madrid, en la Biblioteca Eugenio Trias del Retiro.

José María Marco (Madrid, 1955) confiesa que Manuel Azaña desde siempre le fascinó, "por cuestiones personales y familiares" porque "buscaba una forma distinta de hablar de la España que había heredado". Y es que Azaña representó durante mucho tiempo el mito de una Segunda República que nunca fue, que no existió, un relato vigente que alimenta las Leyes de Memoria socialistas: un régimen democrático truncado por Franco.

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Y la generación de Marco "contribuyó" a ello. Azaña fue "el personaje elegido para relacionar el pasado con el presente, negando "el constitucionalismo español, el liberalismo español" y ese "gran esfuerzo que España hizo como nación" para la normalización europea y la democratización a finales del siglo XIX.

Manuel Azaña (1880-1940), aunque sin máscaras es complejo, un "producto de su tiempo". "Franco y Azaña bebieron de la misma fuente, parten de la misma crisis nacional (la del 98) y cada uno llega a las conclusiones que llega". Su literatura paisajista presenta un hombre enfrentado a una naturaleza "trágica e inabordable''. Un "diletante", "individualista", fascinado con la "extrema derecha francesa de principio de siglo". Azaña lee mucho a los nacionalistas franceses, a Auguste-Maurice Barrès. De hecho, la famosa frase de la España invertebrada "está plagiada, es un calco de un nacionalista de ultraderecha francés".

En el libro, "muy rico" y "muy erudito", destaca la parte dedicada a la psicología del político y escritor, a reconstruir el personaje. "Se siente culpable continuamente", "alejado de sí mismo" y "mantiene una relación con la realidad de esterilidad, es incapaz de crear nada", tiene "un concepto muy superficial de las cosas". Azaña era un gran aficionado al teatro. Dice Tomás Cuesta "sufre continuamente Síndrome de Nerón. El artista sufre más que nadie. No sufre con los españoles, sufre por él mismo".

La República de Azaña, erradicar el catolicismo de España

Para Azaña su proyecto de República no "puede ser tocado", "está por encima de todo" y, además, "no admite confrontación con la realidad". La nación convertida en República lo justifica todo, hasta la violencia. En el 36, Azaña fue "un personaje cómodo para las fuerzas revolucionarias marxistas, que le superan totalmente y no puede hacer nada".

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José María Marco

Suya es la liberticida Ley de la Defensa de la República, en la que se puso negro sobre blanco la censura a la prensa, la expulsión de los jesuitas o el veto a las órdenes religiosas a la educación, quiso "acabar con la España católica", "iba a dejar a España sin educación, es un intelectual en el peor sentido de la palabras". Es muy revelador el episodio que se relata en el libro cuando Azaña recibe a un fraile agustino, maestro suyo en El Escorial, que va a Valencia a contarle el asesinato de sus compañeros en Paracuellos. Azaña ni se inmuta. También es implacable con el ejército con un conjunto de decretos aprobados entre abril y septiembre de 1931 para "modernizar" el Ejército, pero que en realidad jubiló y señaló a los militares supuestamente desafectos con el nuevo régimen.

Un "antiliberal feroz, que lo lleva al ámbito personal". Su padre fue un alcalde liberal, y su "obra es un ajuste de cuentas con su familia". Un "personaje clasista, ultra elitista, soñó con ser un aristócrata". Azaña, "desdeña a todo el mundo".

Dice la editorial

Manuel Azaña llegó a ser la voz de la Segunda República y se ha convertido en uno de los mitos de referencia de la democracia española. ¿Merece ocupar el papel que se le ha querido atribuir? ¿Es Azaña ese demócrata capaz de suscitar y elaborar consensos nacionales alrededor de un proyecto pluralista y tolerante? Y a partir de ahí, ¿puede la Segunda República constituir el referente democrático de nuestra actual Monarquía parlamentaria?
José María Marco, quien dedicó varios libros a su figura, vuelve ahora al personaje en Azaña, el mito sin máscaras. Aquí revela la dura crítica de Azaña al liberalismo del que él mismo procede, por formación y origen familiar. Aclara la superioridad que otorga a la República sobre la democracia y la idea de que la democracia sólo es válida si corrobora un régimen presidido por una coalición de izquierdas. Y pone de relieve la naturaleza revolucionaria del proyecto azañista, que se enfrentará a otras formas de concebir la revolución, en particular la de los nacionalistas, los socialistas, los anarquistas y los comunistas. Finalmente, analiza su literatura y su vocación de artista.

Así es como sale a la luz un hombre atormentado, un nihilista producto de la crisis occidental de fin de siglo y que concibe su obra con el espíritu de un diletante. En la República que presidió sólo tenían cabida sus amigos, los únicos republicanos auténticos. Azaña sigue dividiendo a los españoles.

José María Marco

José María Marco es autor de diversos estudios sobre Manuel Azaña, entre ellos La inteligencia republicana, La creación de sí mismo y El fondo de la nada (biografía). También es autor de La libertad traicionada; Francisco Giner de los Ríos. Poder, estética y pedagogía; Antonio Maura. La política pura; Historia patriótica de España; Sueño y destrucción de España. Los nacionalistas españoles, 1898-2015 o El verdadero amante. Lope de Vega y el amor. Columnista en La Razón, colabora en Libertad Digital, EsRadio, Ópera Actual y The Objective, entre otros medios. Fundador de SIRK Traducciones. Es profesor en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid (UPCO – ICADE). www.josemariamarco.com

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