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Paracuellos, las fosas comunes olvidadas de las víctimas del terror rojo

Libertad Digital visita el Cementerio de Los Mártires de Paracuellos, que gestiona la Hermandad de Ntra. Señora de los Mártires y Caídos en Paracuellos del Jarama.

/ Daniel Palacios (imagen)
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La llegada al cementerio es subrepticia y desoladora. Una puerta al pasado. Se respira dolor y silencio. En la rotonda, la señal que indica dónde se encuentra este gran campo santo está oculta. Lo mismo que las miles de historias de las personas fusiladas aquí, en Paracuellos, entre noviembre y diciembre de 1936, hace ahora 85 años. Sobre lo de mejorar la señalización, nos cuentan que da igual qué partido gobierne en esta localidad de las afueras de Madrid porque este episodio de la Guerra Civil española les resulta igual de incómodo a todos.

Contar la historia de las siete fosas comunes, con entre 5.000 y 8.000 cadáveres, sería más sencillo si las víctimas lo fueran de Franco y no del Gobierno del Frente Popular de Largo Caballero y de Santiago Carrillo (consejero de Orden Público de la Junta de Defensa en Madrid), y obra de milicianos sindicalistas, comunistas y socialistas. La Ley de Memoria Democrática, elaborada por los herederos morales de aquellos políticos totalitarios de la Segunda República, no ahorraría épica ni lírica para describir los fusilamientos masivos y la matanza selectiva de familias enteras, el genocidio en la retaguardia. Por cierto, es un dato sin duda relevante, Francisco Franco nunca visitó la zona, adecentada en cementerio por las víctimas.

Paracuellos siempre ha sido un lugar para el dolor en la intimidad. Para rezar. Nos recibe, haciendo una excepción, el presidente de la Hermandad Ntra. Señora de los Mártires y Caídos en Paracuellos del Jarama, José Calle Benito. "Nunca hemos recibido una subvención", nos dice. Es un lugar privado, privado del reconocimiento y de la compasión ante un dolor que se mantiene vivo gracias las viudas que desde los años 40 vinieron en peregrinación. No hay mal que por bien no venga y, de momento, poco puede hacer aquí el gobierno de Pedro Sánchez.

Pasamos varias horas recorriendo un lugar asombroso y simbólico. Cuesta creer que estas siete fosas comunes no importen a nadie, no abochornen.

Paracuellos es el asesinato selectivo de civiles a manos de "hordas marxistas", dice una lápida, porque eran derechistas, daba igual que fueran derechistas republicanos, católicos, religiosos o militares (los menos). La mayoría hombres, ya tuvieran 17 o 77 años. Familias enteras, padres e hijos que compartieron celda o checa durante semanas, que atados por el brazo bajaron unidos al que sería su lugar de reposo eterno y que juntos recibieron el disparo, no siempre letal. Muchos murieron asfixiados en la propia fosa por el peso de los siguientes cadáveres, en una fría madrugada de noviembre y diciembre. Por cierto, los milicianos obligaron, a punta de pistola, a los vecinos de los pueblos cercanos a cavar las fosas, trasladar los cuerpos y echar algo de tierra por encima.

Todo empieza en la antigua carretera de Barajas, donde paraban los autobuses de dos plantas de la Empresa Municipal de Transportes. Las víctimas figuraban en listados cuidadosamente elaborados por gobierno del Frente Popular. Las famosas sacas o convoyes de la muerte.

Libertad Digital rinde homenaje a estas víctimas, inocentes todos.

Dirección: Nuria Richart.

Imagen: Daniel Palacios.

Edición: Iván Martínez Huetos y Juanma Bonaque.

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