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Canarias

El emocionante abrazo de España a los afectados por el volcán

Libertad Digital visita la isla de La Palma para dar voz a los damnificados por la erupción del volcán. Visitamos los centros de donación.

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Libertad Digital ha visitado los dos centros deportivos donde se presta apoyo material y psicológico a los afectados por el volcán de Cumbre Vieja. La imagen es abrumadora.

Familias enteras de tres generaciones, de abuelos a nietos, llegan al Polideportivo Severo Rodríguez de Los Llanos de Aridane. En la puerta, una decena de voluntarios con chalecos reflejantes y su nombre escrito a rotulador en la pechera les reciben. Les acompañan al interior donde se les registra y tienen una primera charla con la psicóloga municipal, Susana. Una vez pasado este trámite otro voluntario les hace un recorrido por las distintas secciones de "el gran Corte Inglés" solidario que han montado.

La vista desde las gradas superiores es impresionante. Todos las bancadas llenas: ropa, zapatos, menaje, textil del hogar, juguetes... Ordenado por clase, talla, edad, sexo. Los voluntarios se han volcado en que la recepción de la donación sea lo más rápida y efectiva posible. Y es que la mayor parte de los afectados nunca se ha visto en una situación de desamparo similar, y aceptar la generosidad de los demás les es extraño y les produce rechazo. Susana es la persona que hace ese primer contacto con las familias y nos cuenta que cuando esto pasa, les intenta cambiar el "chip", "les digo que lo que van a recibir es como un gran abrazo", una muestra de cariño que deben aceptar. También, más práctica, les aconseja que el dinero que tienen no lo gasten en estos objetos de primera necesidad porque lo van a necesitar.

En un pabellón contiguo, de lucha canaria, es donde se dan los menús ya preparados: desayuno, comida y cena. Ahora se reparten más de trescientos entre afectados, desplazados, miembros de los cuerpos de seguridad y emergencias y voluntarios. Los prepara una ONG y restaurantes del municipio de Los Llanos de Aridane. Algunos afectados se quedan a comer en el propio pabellón, así se reencuentran con sus vecinos, un pasado al que aferrarse; otros lo recogen y se lo llevan a casa. Prefieren vivir estos duros momentos en intimidad, allá donde estén alojados.

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