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Libros con Marco: 'En defensa del liberalismo conservador', de Francisco José Contreras

Francisco José Contreras presenta el libro 'En defensa del liberalismo conservador', un texto sin complejos que pone en valor la familia y la tradición occidental cristiana.

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Francisco José Contreras, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Sevilla y diputado nacional de VOX por Sevilla, se sitúa en la resistencia, "los conservadores somos la resistencia, los nuevos revolucionarios", en una batalla moral que libran contra los que creían sus pares.

Su libro En defensa del liberalismo conservador parte de la tesis de que estamos ante "un proceso de degeneración, de desnaturalización del liberalismo clásico", de esa "faceta conservadora" que ahora "los libertarios progres desprecian". Para Contreras lo que "se da en este momento es una coincidencia, una co-presencia en la misma trinchera cultural de los libertarios progres y los neomarxistas", y esto, "encontrarse del brazo con esta gente, debería hacerles pensar".

Según el autor, "el capitalismo democrático necesita para su supervivencia unos valores morales que lo sustenten" porque no se trata "solamente de un sistema de libre empresa". El capitalismo, asegura "requiere una ecología moral como decía Scruton". Neo-marxistas y libertarios progres se unen en la creencia de "la inexistencia o imposibilidad del bien común", explica, "es una frivolidad concebir la sociedad como una agregación de individuos absolutos que no necesitan mediaciones, que no necesitan un orden moral más o menos compartido". Esto lleva a "un relativismo moral" que devendrá en "a la destrucción del liberalismo". "Las virtudes y las instituciones civiles, lo que hay entre el individuo y el Estado, están en crisis", concluye Contreras.

Una de las grandes preocupaciones de los conservadores es la desaparición de la familia como institución. El cambio social y moral hay quien lo sitúa en 1945, con la caída del fascismo y la puesta en cuarentena de, "valores que justa o injustamente se le atribuyeron, la autoridad, el orden o la familia", y otros posteriormente, en los movimientos de mayo del 68, cuando también se cuestionó no solo la familia sino "la moral sexual clásica". Las familias, cuenta el entrevistado, han pasado de ser "infantocéntricas, las parejas disciplinaban sus relaciones amorosas a la conservación de la especie y de la siguiente generación, a adultocéntricas, los niños pasan a la periferia", serían piezas en la "azarosa vida de sus padres". Para el autor en los nuevos modelos de familia "el niño sale perjudicado" porque "no son similares en el bienestar del niño".

Contreras cree que hay mucho en juego porque el liberalismo es "casi la única cosmovisión que nos queda" de los modelos que se enfrentaron en siglo XX (el fascismo, el comunismo y el liberalismo). Éste "se ha afirmado como la filosofía final, la ideología definitiva, libre mercado en lo económico, y democracia y libertad en lo político, lo que dijo Fukuyama en el 92".

Se trata, pues, de poner en valor lo nuestro, "la libertad no va de suyo, no es la regla, es la excepción y muy extraordinaria, y sólo se ha desarrollado en el occidente cristiano. La democracia liberal es un producto occidental". Recuerda a Hayek quien comparaba la fragilidad de la libertad con una planta, que necesita "unas condiciones medioambientales muy precisas" o la planta "deja de ser viable".

Dice la editorial:

El liberalismo es la doctrina jurídico-política de la modernidad: triunfante en 1945 sobre su rival fascista y en 1989 sobre el comunista, parecía consolidarse a finales del siglo XX como la filosofía final, incuestionable e inevitable. Sin embargo, el liberalismo está evolucionando en un sentido que puede considerarse inquietante, incluso suicida a medio plazo. "Liberalismo" es hoy para muchos sinónimo de relativismo moral, individualismo atomista, culto a la libertad como un fin en sí mismo, "progresismo" social y cultural, desprecio arrogante de toda institución tradicional como represiva y oscurantista.

Este libro critica la deriva relativista del liberalismo desde el interior de la propia tradición liberal. Muestra que el libertarianismo actual traiciona al liberalismo clásico, por ejemplo, en materia bioética y de modelo de familia. Examina el pensamiento de algunos grandes referentes del liberalismo clásico –Locke, Montesquieu, Smith- identificando en él elementos que hoy pasarían por "(ultra)conservadores". Y le corrige la plana al mismo Hayek, demostrando que su epílogo "Por qué no soy conservador" parte de una caracterización sesgada y anacrónica del conservadurismo: Hayek, que se reclamaba de Burke y de los "old whigs", fue en realidad uno de los grandes liberal-conservadores del siglo XX.

El liberal-conservadurismo encuentra su plasmación histórica en el ideario original de Estados Unidos. Los principios de los Padres Fundadores son una equilibrada síntesis de liberalismo, cristianismo y republicanismo. El liberalismo conservador quedó en cierto modo incorporado al ADN norteamericano. Y los representantes más potentes del liberalismo conservador actual se encuentran precisamente en el mundo anglosajón: Robert P. George, Roger Scruton, Samuel Gregg, Robert Sirico, el recientemente fallecido Michael Novak…

El capítulo final analiza una posible clave metafísica de la tendencia del liberalismo a degenerar en libertarianismo. El liberalismo conservador se apoyaba en la "concepción clásica del mundo": una visión teleológica y teísta del cosmos, madurada en la Antigüedad y culminada en el cristianismo. Una visión que incluía como ingrediente esencial una antropología hilemórfica –el hombre está compuesto de materia y forma, cuerpo y alma- y creía en el libre albedrío, la libertad interior. Pero esa concepción ha ido siendo desplazada –primero entre ciertas élites, ahora también en las masas- por el materialismo ateo, y por una antropología que concibe al hombre como un animal más, producto fortuito de la evolución, y sometido al mismo determinismo causal que el resto del cosmos. La obsesión del libertarianismo por la libertad absoluta resulta, así, paradójica: la mayor parte de los libertarios son materialistas que creen que, en realidad, no somos sino autómatas muy complejos. La humilde libertad en la que puede creer un materialista no es sino la espinoziana "conciencia de la necesidad".

El autor:

Francisco José Contreras es catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla. Autor de, entre otros libros, Derechos sociales: teoría e ideología; La filosofía de la historia de Johann G. Herder; Savigny y el historicismo jurídico; Tribunal de la razón: El pensamiento jurídico de Kant; Kant y la guerra; Nueva izquierda y cristianismo (en colaboración con Diego Poole); Liberalismo, catolicismo y ley natural; La filosofía del Derecho en la historia. Coordinador de libros colectivos como: ¿Democracia sin religión?: El derecho de los cristianos a influir en la sociedad; Debate sobre el concepto de familia; The Threads of Natural Law; El sentido de la libertad: Historia y vigencia de la idea de ley natural; La batalla por la familia en Europa: La Manif Pour Tous y otros movimientos de resistencia. Activo conferenciante en universidades y asociaciones cívicas; columnista en Actuall.com, Disidentia.com y otros medios. Ha recibido los premios Legaz Lacambra, Diego de Covarrubias, Hazte Oír y Angel Olavarría.

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