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Sánchez Dragó: "Abascal es una especie de John Wayne"

Nuria Richart charla con el escritor Fernando Sánchez Dragó. Sobre la crisis actual concluye: "nos están gobernando paletos". Reflexiona acerca de los españoles y la crispación, "el carácter español tiende a la radicalización".

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Fernando Sánchez Dragó ha pasado media cuarentena aislado, estuvo en el mitin de VOX aquel 8 de marzo, y la otra con muy poca compañía. Uno de los habitantes de esa casa deshabitada ha sido su hijo Akela, que le reclama un par de veces durante esta entrevista. Bromea Dragó, "éste quiere chupar cámara". Cada tarde le lee un fragmento de su libro Soseki, inmortal y tigre.

Con Fernando Sánchez Dragó es complicado amuermarse. Charlamos de actualidad, sobre la verdad y la mentira, sobre su simpatía por Santiago Abascal, "por lo pronto no es aburrido. Ha devuelto a la política la dimensión épica" de los que se opusieron a Franco, cuenta. También sobre el eternizante Estado de Alarma "el sueño del totalitarismo", sobre la gestión de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de la crisis sanitaria "acabarán pagándolo caro" y sobre cacerolas frente a "tortas tortitas higos y castañitas". Reflexiona acerca de los españoles y la crispación, "el carácter español tiende a la radicalización. España es el país que más guerras civiles ha tenido". Nuestros pecados capitales, según el escritor: "la envidia, la ira y la pereza".

Viajero, siempre con destino a Oriente, nunca cayó en el pecado del que se lamentó Borges, ese de "no haber sido feliz". A sus 83 años vive en carne propia el oxímoron de la "nueva normalidad": está enganchado a Twitter, "quién me lo iba a decir", y además presume de ser un hombre fiel en el amor y en el sexo. Quién nos lo iba a decir. Su última conquista -o viceversa- es 56 años más joven que él. Además, tras su despido "manu militari" de El Mundo ha fundado su propio semanario digital, La retaguardia, "donde se ganan las batallas".

La pregunta final, la gran broma final que diría Nacho Vegas, es la de ¿ser o no ser? de Hamlet que nos recuerda eso de "tanto todo para nada" de José Hierro. Estos últimos meses la muerte y la fragilidad se nos han aparecido a pesar del gobierno, que diría Rodríguez Braun. A Fernando, siempre sonriente, le espera un ataúd diminuto en Castilfrío de la Sierra. No quiere dramas en su vida, que canta Alaska, ni tampoco en su muerte.

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