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Análisis del Xiaomi Mi 9T: un móvil que parece de gama alta pero cuesta 300 euros

En el análisis tecnológico de esta semana hablamos del Xiaomi Mi 9T, un teléfono de una relación calidad precio extraordinaria, que parece de gama alta pero que cuesta 300 euros.

Como ya empieza a ser clásico y tradicional, retomamos nuestras pruebas de nuevos cacharros con un móvil chino. En este caso se trata del Xiaomi Mi 9T, que aunque oficialmente cueste 330 euros se puede conseguir por 300 con cierta facilidad y que trae un diseño sin marcos y sin el famoso notch en el frontal a una gama más asequible.

En la caja Xiaomi nos trae los manuales, el cargador, de 18 vatios para carga rápida, y el cable USB-C, como es obligado, pero también una funda de silicona para proteger el móvil, algo que cada vez me encuentro con mayor frecuencia y es de agradecer, aunque yo no sea mucho de usarlas. Entiendo la necesidad de protegerlo todo lo posible, pero ¿para qué comprarse un móvil bonito si luego lo vas a esconder?

Las dos características más sobresalientes del diseño del Xiaomi Mi 9T son en primer lugar su peso, que alcanza los 191 gramos, algo que se nota al sostenerlo; una cifra debida a su enorme batería de 4000 miliamperios y a que está hecho de metal y cristal en lugar de plástico. La otra es su frontal sin cámaras ni otros sensores que estorben a su pantalla de 6,39 pulgadas, la cual, no obstante, no llega realmente hasta los bordes, sino que deja algo de espacio, sobre todo abajo, algo que sorprende teniendo en cuenta hasta donde han llegado para ocupar todo el espacio posible con la pantalla. Para lograr ese diseño limpio de polvo y paja no sólo han puesto una cámara popup para los selfies, sino que han escondido otros sensores detrás de la pantalla, incluido el de huellas. Detrás tiene su triple cámara y, en el caso del terminal que nos han enviado, una suerte de patrón similar a la fibra de carbono; las versiones en azul y rojo siguen la moda de reflejar numerosos tonos. En la parte superior tenemos un conector de auriculares y en la inferior, en lugar de los dos altavoces separados por el USB-C donde lo habitual es que uno de los altavoces sea falso y esté ahí para que quede bonito, pues han optado por sustituirlo por la bandeja de las tarjetas SIM.

Al contrario que otros móviles suyos, Xiaomi ha decidido recortar un poquito las prestaciones de éste optando por un Snapdragon 730, es decir, de la gama que introdujo recientemente Qualcomm para cubrir las necesidades de quienes quieren algo más que un 600 y no quieren pagar un 800. Que fue para lo que salieron los 600, para mediar entre los ahora casi olvidados 400 y los 800. A este paso van a tener que ponerles un cero más a la derecha para poder sacar la gama 7500. Es la primera vez que me enfrento a un procesador de esta gama y lo cierto es que me parece indistinguible a efectos prácticos de sus hermanos mayores. También cuenta con 6 gigas de RAM y dos opciones de almacenamiento de 64 y 128 gigas. Más que suficientes en mi opinión

La cámara del Xiaomi Mi 9T, que con la batería es lo que más importa a muchos, es triple. Cuenta con el sensor “normal” de nada más y nada menos que 48 megapíxels más un gran angular y un zoom de dos aumentos. Por defecto, las fotos con el sensor principal se guardan a 12 megas, interpolando cuatro píxeles en uno para lograr una mejor calidad. Quizá para esto podrían haberse procurado un sensor menos exhuberante pero con un mayor tamaño de píxel y seguramente les hubiese ido mejor, pero claro, así vende más. Aquí se nota que no estamos en gama alta, pero lo cierto es que estamos ante posiblemente la mejor cámara que he visto en este rango de precios. No nos va a decir nadie tampoco pero qué maravilla de fotos saca, pero tiene un rango dinámico aceptable y al pasar a la noche aguanta más que la mayoría. Cuenta con estabilización digital, no óptica, y permite también sacar vídeos con el gran angular, aunque a 4K a veces se para un poco porque el procesador no da más de sí.

La cámara frontal es otra historia. El mecanismo es razonablemente rápido, aunque no tanto como para que el reconocimiento facial sea una opción práctica, y se oculta en cuanto nota una caída, pero el sensor en sí es un poco patata. Tiende a quemar la imagen y hacer desaparecer las sombras. Supongo que Xiaomi ha pensado que, de todos modos, quienes se pasan el día haciendo selfis nunca van a optar por un móvil que oculte la cámara frontal, así que han optado por recortar aquí. La app no hace maravillas como la de los Pixel, pero tiene muchas opciones, especialmente para los modos belleza, pero para qué nos vamos a engañar: no hay modo belleza que pueda sacarme guapo y que siga pareciendo yo.

Llegamos así a la cosa dura: el sistema operativo. MIUI. Es la versión 10, basada en Android 9. Y en las cosas que podrían ser irreparables no está mal: es fluido y tiene un montón de opciones de personalización para arreglar lo que sí es reparable: es más feo que pegar a un padre con un calcetín sudado. Es muy chino, no tiene cajón de aplicaciones, tiene una aplicación de ajustes desordenada y algo confusa… pero va bien. Incluso muy bien. Incluye un buen número de aplicaciones propias, que en general aportan poco, pero quién sabe, igual lo que estáis buscando es una calculadora que incluya una función para estimar las cuotas de la hipoteca.

De nuevo, Xiaomi ha lanzado un teléfono de una relación calidad precio extraordinaria, que parece de gama alta pero que cuesta 300 euros. Hablando de lo cual, ¿en qué se nota que no estamos ante un teléfono de gama alta? ¿Dónde han recortado? En el procesador, en que no es resistente al agua, que no tiene carga inalámbrica y que la cámara no es de lo mejor. Pero por lo demás, esencialmente cuela. Lo cual es, creo, lo que perseguía la marca china y lo que seguramente queríais oír quienes estabais interesados en él.

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