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Análisis del Pixel 3a: el móvil de Google tiene una de las mejores cámaras del mundo

El Pixel 3a de Google contiene todos los ingredientes para convertirse en el nuevo referente de la fotografía móvil. 

Google lleva unos años intentando introducirse en el lucrativo mercado del hardware con su gama Pixel. Sus móviles están dirigidos al segmento más alto del mercado y su éxito hasta ahora ha sido, digamos, discutible. Con el Pixel 2 lograron por primera vez alcanzar a los más grandes en calidad fotográfica, pero aun así el éxito se les ha seguido escapando, de modo que aún decidido lanzar un teléfono que mantenga la principal virtud de la gama, la cámara, pero a un precio de gama más baja: 400 euros. ¿Lo habrá conseguido? Vamos a verlo.

La caja es un poco más plana de lo habitual y tiene el móvil, lo cual es un gran alivio, con una serie de cajas debajo de distintos tamaños encajadas como si fuera un Tetris: manuales, el cable, que es USB-C por los dos lados, un cargador con entrada USB-C y unos auriculares con micrófono.

Pero vamos a lo importante. Empecemos por el diseño. A simple vista parece indistinguible de su hermano mayor y mantiene el característico lenguaje de diseño de la gama Pixel, con sus dos tonos en la parte trasera, algo que no me convence mucho pero que es cierto que le da cierta personalidad. También nos podemos olvidar de muescas o gotas en la pantalla porque está lejos de ser un diseño sin marcos, lo que le da cierto aire antiguo, entendiendo antiguo como hace dos años. Entre lo que han recortado están los materiales premium de su hermano mayor: aquí no hay metal ni cristal sino plástico. Y qué quieren que les diga, yo casi lo prefiero, porque se pueden hacer teléfonos muy aparentes con plástico (el más bonito de los que he tenido ha sido un Nokia Lumia 800 blanco) y es un material con una ventaja crucial: el peso. El Pixel 3a es muy ligero, hasta el punto de que puede dar algún susto al pensar que no lo llevas encima. Con la moda de hacerlos cada vez más grandes, casi había olvidado las ventajas de tener un móvil chiquitico, como es que puede agarrarse con más firmeza y manejarse mucho más cómodamente con una mano, y la desventaja de lo que pequeño que se ve todo. Cuenta con dos altavoces, aunque el de abajo no dé al frontal, que dan un sonido estéreo que no es nada del otro jueves, el USB-C y un jack de auriculares, algo de lo que carecía el Pixel 3 original, pero Google debe haber pensado que el público al que está dirigido seguramente no se vaya a comprar unos con Bluetooth. Tampoco cuenta con carga inalámbrica y la bandeja sólo permite una SIM, sin tarjeta microSD, lo que impide, por ejemplo, mantener nuestra SIM y añadir otra para un viaje. Otra cosa que han quitado es la resistencia al agua.

Los recortes se han centrado también en las tripas, donde se mantienen los 4 gigas algo justos del original y los 64 de almacenamiento, pero se rebaja el procesador a un Snapdragon 670. Y sí, los juegos se cargan más lento y los más pesados como el Ark se enganchan a veces. Pero doy por sentado que quien quiere jugar a estas cosas buscará algo con más especificaciones. Más problema veo en la limitación a 64 gigas, que impedirá disfrutar de muchos contenidos en streaming sin conexión, sobre todo cuando llevemos un tiempo con él y las fotos y vídeos se acumulen. La pantalla es OLED de 5,5 pulgadas, y aunque se supone que no está al nivel de la de su hermano mayor, no creo que reciba quejas de nadie: dispone de brillo suficiente para exteriores.

En cuanto al software, es Android puro, naturalmente, con la promesa de alcanzar los tres años de actualizaciones. Funciona suave y rápido y tiene algunos añadidos interesantes que ya estaban en su hermano mayor y que seguramente han contado en la decisión de mantener una pantalla OLED, porque con una LCD el consumo de batería habría obligado a quitarlos: mantener la pantalla siempre encendida para tener siempre visible la hora y que siempre esté escuchando y nos ponga el título de la canción que suene, si es que suena alguna. Un Shazam siempre activo y con historial. Eso sí, lo de que Google esté siempre escuchando puede poner nervioso a más de uno y créanme que lo entiendo.

En definitiva: vamos a lo que importa. La cámara. Ha habido algún recorte aquí. En primer lugar, sólo disponemos de un sensor para hacernos selfies, porque han prescindido del gran angular, que nos permitía meter un montón de gente en este tipo de fotos sin necesidad de usar un palo. Pero la más importante, la cámara trasera, es idéntica a la del Pixel 3. Y pese a contar con un solo sensor de 12 megapíxeles, está al nivel de los últimos iPhone, Samsung Galaxy y Huawei P, lo cual significa que compite por ser la mejor del mercado. ¿En qué se nota? Primero, en el rango dinámico, que es el nombre técnico a la diferencia entre los colores claros y oscuros. Es enorme y da a las imágenes un aspecto muy profesional, que mejora aún más con el excelente modo retrato, que pese a contar con una sola cámara cumple perfectamente su misión. Habrá expertos que lo consideren demasiado saturado, pero yo al menos no soy tan tiquismiquis. Google ha sido lo suficientemente amable como para permitirme llevar el móvil a Moscú y San Petersburgo y no sé si alguna vez he tenido fotos mejores en ningún viaje. Y la cosa mejora cuando hay poca luz. La cámara logra excelentes resultados en casi cualquier condición y cuando la oscuridad es casi absoluta, dispone de un modo nocturno que, aunque falsea un poco los colores, es capaz de sacar luz de donde literalmente no la hay, al precio de mantener la cámara fija unos segundos. Dispone de estabilizador óptico, lo cual resulta de mucha ayuda en general, pero especialmente al grabar vídeos. Y la aplicación en sí es muy cómoda y fácil de usar y cuenta con extras como Time Lapse, fotos de realidad aumentada con Hulk rompiendo tu casa, fotografías esféricas y Live Photos, que son un vídeo de 1 segundo que graba automáticamente al sacar una foto normal.

El segundo recorte es que este móvil carece del chip específico dedicado para procesamiento fotográfico, el Pixel Visual Core, lo que significa que tardaremos unos cuantos segundos en disponer de la versión final de nuestras fotos. Además, tras mi experiencia usándolo como turista, sospecho también que es la razón por la que la batería no me ha durado ni un solo día entero, mientras que en casa nunca he tenido problemas para alcanzar el día y medio. Una batería, por cierto, que es ligeramente mayor que la del Pixel 3, llegando a los 3000 mAh. Que no está mal para una pantalla de 5,5 pulgadas, pero tampoco es para tirar cohetes.

Este Pixel 3a es el primer móvil de Google que ha contado con el equipo de ingenieros que le compró a HTC y la verdad es que han hecho un gran trabajo, recortando en aquello que menos valor tenía en el Pixel 3 y manteniendo la característica realmente importante:  su cámara. Normalmente existen muchos móviles con buenas características y hasta un diseño espectacular por precios bastante bajos, pero siempre fallan en la cámara, y existen móviles con cámaras excelentes que cuestan un ojo de la cara porque también tienen todas las especificaciones al máximo, pero creo que este es el primero con una cámara de primer nivel que se vende a un precio razonable. Y, la verdad, creo que es un hueco en el mercado que merecía que alguien lo ocupara.

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