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Se prueban cacharros: Asus Zenfone 6

Probamos el nuevo teléfono móvil de Asus, el Zenfone 6. 

Vamos a cambiar un poco y en lugar de hablar de un teléfono chino vamos con uno taiwanés, que por supuesto es una cosa completamente distinta. Se trata del Asus Zenfone 6, y es un nuevo esfuerzo de una empresa que todos conocemos por sus portátiles de posicionarse en un mercado que lleva años intentando asaltar sin demasiado éxito de público, aunque la crítica no los ve mal. El Zenfone 6 es su apuesta por la gama alta, con modelos entre 500 y 600 euros, y su elemento diferenciador es esta cámara tan chula.

En la caja, que tiene un 6 que cambia de color según le de la luz, nos encontramos con una primera subcaja con el pincho para sacar la bandeja de la SIM, que por cierto permite dos NanoSIM y una tarjeta MicroSD simultáneamente, la documentación que no leeremos y una carcasa transparente, que es algo de lo que no soy muy fan pero tengo la sensación de que soy minoría, así que es de agradecer que venga incluida, que en los puestos callejeros sólo hay fundas de iPhone y Samsung. Luego viene el teléfono y otro compartimento con el cargador y el cable y unos auriculares. Bastante bien surtido, la verdad.

Pero vamos al móvil, que es lo que nos ha traído aquí. El diseño es de cristal, que es lo que se ha puesto de moda tras el aluminio y aunque es algo pesado, la curvatura permite agarrarlo bien. Eso sí, es un imán de huellas, de ahí, supongo, lo de incluir la funda. Incluye puerto para auriculares, sin el cual los auriculares incluidos igual estaban de más, puerto USB-C, un tercer botón que se puede programar para que haga más o menos lo que queramos, un cómodo lector de huellas y una pantalla de 6,4 pulgadas que ocupa casi todo el frontal, con el altavoz para llamadas y un led de notificaciones en la parte superior. Lo esencial, claro es la cámara, que gira de modo que no sea necesario incluir en la pantalla ningún tipo de muesca, sea de las grandes o de las de tipo gota que son hoy más habituales.

Como es obvio que es lo más importante, vamos a hablar de la cámara. Se mueve. Para adelante y para atrás. Pero una vez cansados del movimiento, algo que reconozco aún no me ha pasado en esta semana larga que he estado con él, y de que nuestros amigos estén hartos de que se lo enseñemos debemos llegar a la gran pregunta: ¿es útil? Pues mira, sí. Los dos sensores son de distinta calidad. El normal, de 48 megapíxeles, es francamente bueno y aguanta el tipo hasta de noche. La aplicación incluye un modo nocturno que es más discutible, ya que suele sacar algo más de luz pero alterando demasiado los colores, para mi gusto. El segundo sensor, el gran angular de 13 megapíxeles, es más de andar por casa. Pero entre los dos permite sacar unas fotos jugando con la profundidad de campo que son un primor. Y, claro está, gracias al mecanismo se pueden sacar las mismas fotos en modo selfi, lo cual ya justificaría este ingenioso motor.

Al margen de eso, la cámara no sólo puede moverse adelante o atrás sino también quedarse entre medias, algo extremadamente útil si queremos sacar una foto de alguien sin que se entere. Y eso ha permitido a Asus incluir dos utilidades pensadas específicamente para sacar partido de la cámara móvil. La primera es casi completamente inútil: permite perseguir a un objetivo mientras grabamos un vídeo, siempre y cuando el objetivo se mueva hacia la izquierda claro. El problema es que la cámara sólo se mueve cuando el objetivo está a punto de salir del encuadre, lo cual hace los vídeos sacados así algo menos útiles. Y además no funciona. Quizá arreglen el software, pero ahora es como el presidente Carter: no puede caminar y mascar chicle al mismo tiempo. O sigues a alguien o grabas un vídeo, pero no puedes grabar un vídeo con seguimiento.

Lo que sí está logrado es la foto panorámica. Ya no tendremos que movernos nosotros: lo hará el propio objetivo. El problema es que si no lo paramos a tiempo lo más probable es que lo último que saque sea nuestra cara de concentración mientras sacamos la foto. Debo indicar que, además, el resultado suele preocuparse mucho de que las personas que aparecen no salgan cortadas ni alteradas ni movidas, lo cual es de agradecer. También puede usarse para desbloquear el móvil mediante reconocimiento facial, que funciona bastante bien incluso con muy poca luz siempre y cuando no nos pongamos gafas de sol, pero que como debe mover la cámara es un poco lento, así que acabaremos usando el lector de huellas, que funciona muy bien incluso con los dedos un poco húmedos.

También debo destacar que, aunque no incluye estabilización óptica de imagen, sí que tiene estabilización electrónica. Es decir, que en lugar de tener mecanismos físicos en miniatura similares a los que podéis ver en los making off de las pelis para mantener las cámaras estables, lo hace todo por software. Se pierde la imagen de los bordes, como si hiciéramos algo de zoom, pero los resultados son asombrosos. Se pueden sacar vídeos bastante estables aunque estemos caminando y las fotos rara vez salen movidos aun con un pulso tan lamentable como el mío. Y una preocupación que podríamos tener con la cámara, que es sobre su fragilidad, se disipa cuando juegas un poco con él. Puedes moverla con los dedos y aparte del ruidito del motor no pasa nada. Incluso si el móvil se cae es capaz de detectarlo y ocultar la cámara rápidamente. Prometo a Asus que esto sólo lo he probado encima de mi sofá. Que os lo voy a devolver entero. De verdad de la buena. Eso sí, de cosas como que sea resistente al agua nos olvidamos.

Pero bueno, tras este especial que hemos dedicado a la cámara, vamos a cosas más pedestres. Tiene lo último de Qualcomm, el Snapdragon 855, y un mínimo de 6 gigas de RAM y 64 de almacenamiento, que podremos aumentar hasta 8 y 128 respectivamente si aflojamos la mosca, así que no tendremos problemas ni para mover el interfaz ni los juegos. De hecho, el Android 9 corre con la capa de personalización ZenUI, que según he leído era la típica cosa china que ralentizaba el móvil con resultados discutibles, pero que en esta versión no parece tener otra cosa que algunos añadidos que, la verdad, mejoran el original, como la colocación en la parte inferior, al alcance del dedo, de los grupos de apps. Además del habitual brillo automático, incluye también un volumen automatizado que sube o baja dependiendo del ruido ambiental, pero no funciona demasiado bien si soy sincero.

La batería es de 5000 miliamperios. Sí, 5000 miliamperios. Eso sí, no se recarga a tanta velocidad como otras baterías: en media hora tienes un 40%, en una hora 70%, 90% en hora y media, 100% en dos horas. ¿Pero qué más da? Supongo que si estamos de vacaciones y lo usamos para jugar al Fornite sin parar supongo que no aguantará el día, pero debe ser la única forma de conseguirlo. Yo, desde luego, no lo he logrado. La pantalla no es OLED, de modo que pierde brillo cuando la pones en ángulo, pero en un móvil no es lo más habitual. Y mantiene muy bien el tipo bajo la luz directa del sol, algo que sí suele suponer un problema más grave.

Asus lleva años intentando que la dejemos de ver sólo como una marca de portátiles y empecemos a verla como una de móviles. El problema es que hasta ahora no había sacado ninguno que destacara realmente por nada, que llamara la atención, ya fuera por tener una relación calidad precio excepcional o por alguna característica que lo hiciera especial. Con el Zenfone 6 lo han conseguido gracias a su cámara rotatoria y, si les soy sincero, es el primer móvil más o menos caro que he reseñado que me ha tentado. Si ustedes son de los que están a favor de invertir 500 euros en un buen móvil no harían nada mal en echarle un ojo a este Asus. Hasta próximos análisis.

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