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Análisis del reloj Samsung Gear S3 Classic: un buen reloj inteligente para quien quiera uno

Los expertos en tecnología de Libertad Digital ponen sus ojos sobre el reloj Samsung Gear S3 Classic y lo comparan con el Apple iWatch.

Hace ya como dos años y medio probamos el LG G Watch, que fue uno de los primeros relojes inteligentes que salieron al mercado equipados con Android Wear. Ha llovido mucho desde entonces, pero la verdad es que no había vuelto a tener uno en la muñeca hasta hace unos días que Samsung nos prestó su Gear S3 Classic. ¿Habrá avanzado mucho la tecnología en este tiempo, o estos relojes siguen sirviendo sólo para no tener que sacar el móvil del bolsillo cuando nos llegan notificaciones? Vamos a verlo.

La caja es redonda, con el reloj en primer término, la base de carga, y debajo de todo ello las instrucciones que nadie se lee, una segunda correa y el cargador en una bolsa. Todo muy cuidado. Lo primero que salta a la vista es que es un reloj bonito, pero gigantesco. Es redondo, como se supone que debe ser un reloj, y además de una pantalla táctil dispone de varios controles más analógicos: dos botones y el bisel, que podemos girar para controlar de forma muy eficaz y cómoda el interfaz de usuario del reloj, un punto diferencial de los relojes de Samsung que, no obstante, parece haber sido sacado directamente de los primeros iPod. El reloj se siente pesado en la muñeca porque es muy grande, aunque quizá cualquier macho ibérico, que tendrá sin duda una muñeca más gruesa que la mía, no lo encuentre un problema.

La causa del tamaño y el peso posiblemente esté en el uso de acero inoxidable y su batería de 380 miliamperios, que permiten usarlo entre 3 o 4 días, lo cual es sin duda una gran mejora respecto a los primeros relojes inteligentes. Tarda algo más de dos horas en cargarse, pero como entre otras cosas mide el sueño, quizá lo aconsejable no sea dejarlo por la noche cargando sino en ratos sueltos, como la ducha o cuando estemos viendo la tele. La correa es del tamaño estándar de 22 milímetros, así que podremos comprar la que más nos guste en cualquier tienda. Se carga de forma inalámbrica muy cómodamente con su base imantada. La pantalla es de 1,3 pulgadas, con buena resolución y que se ve bien en exteriores, que es quizá lo más importante en la pantalla de un reloj. Mi principal queja con él es que no responde bien a los movimientos de muñeca para encender la pantalla, obligando a pulsar un botón para ver la hora la mayor parte de las veces.

Vamos con el software. En lugar de Android Wear, Samsung ha apostado por un sistema operativo propio, Tizen, lo cual le permite jugar entre otras cosas por un interfaz propio muy optimizado y pensado para ser manejado muy cómodamente con los controles físicos más aún que con la pantalla táctil. Si giramos la rueda a la izquierda veremos las notificaciones, tanto propias como del móvil, mientras que a la derecha podremos iniciar acciones o consultar otros datos como el tiempo, la agenda o el altímetro, del que no obstante no me fiaría demasiado porque en Edimburgo me aseguraba que estaba unos 50 metros por debajo del nivel del mar y no estaba buceando, que hace demasiado frío y además, aunque el Gear S3 resiste agua y polvo, no lo podemos sumergir más de metro y medio.

Pulsando el botón de inicio accederemos a las apps, que incluyen un teléfono. Porque sí, amigos, por fin podremos hablar a través del reloj como Michael Knight con el coche fantástico, y si no hay mucho ruido de fondo se escucha perfectamente. No aconsejo hacerlo en la calle, eso sí, a no ser que queramos morirnos de vergüenza. El problema es que no hay muchas apps donde elegir, y ese es el talón de Aquiles de haber escogido Tizen. Ni Facebook ni Twitter ni Whatsapp: las apps más conocidas disponibles son Spotify y Flipboard. Así que las notificaciones notificarán, pero no podremos hacer nada con ellas. Nada de contestar a mensajes hablando, por ejemplo, entre otras cosas porque el reconocimiento de voz es atroz.

Aunque es de esperar que el mejor móvil para usar con el Gear S3 sea un Samsung, no funciona mal con otros Android, y he probado un par. El principal problema es que tendremos que instalarnos un montón de aplicaciones de Samsung para arrancar. Si además queremos que nos haga un seguimiento, por ejemplo, de los datos de salud (sueño, pasos, pulsaciones, etc.) tendremos que hacernos una cuenta Samsung. Lo único que he echado de menos es Samsung Pay, que teóricamente nos permite pagar con el reloj, pero que no he encontrado forma de activar sin un móvil compatible. ¿Pero qué tal funciona con el iPhone? A ver qué nos cuenta Juanma, que tiene uno:

Samsung Gear S3 Classic y el Apple iWatch

El Galaxy S3 de Samsung es un gran reloj. Y quizás ese sea el problema. Me explico. En el mundo de los Smart watch parece haber dos tendencias: la que intenta diseñar un reloj clásico con funciones avanzadas y la que intenta hacer un dispositivo personal ubicado en la muñeca. Samsung optado por la primera opción y Apple representa la segunda.

Pero hagamos un poco de historia. El 11 de abril de 2012 en Kickstarter comenzaba la financiación de un nuevo proyecto: el Pebble. Consiguió 10,3 millones de dólares y se convirtió en la propuesta más financiada de la historia. Suponía el primer reloj con una propuesta que hacía realidad el viejo sueño de tener algo más que una calculadora en la muñeca.

En septiembre de 2013 Samsung sacó el primer Gear. Con un sistema operativo de Google especial para este tipo de dispositivos y una estética poco cuidada, casi improvisada. Parecía seguir la línea del Pebble. Tras esta presentación todas las marcas corrieron para sacar su propia versión del reloj inteligente. Entre tanto, la expectación crecía en torno a Apple. Pero hubo que esperar hasta el 24 de abril de 2015 para que las cartas se pusieran sobre la mesa. Todos los actores habían comenzado la obra pero la función prometía ser larga.

Y llegamos a lanzamiento del Gear S3, donde, como decía en las primeras líneas, Samsung se ha decidido definitivamente por hacer relojes. Como los de toda la vida. Cuidado, bonito y con un sistema operativo alejado de Google que madurar en la dirección correcta. Resulta fácil e intuitivo y posee funciones y aplicaciones que empiezan a ser prácticas y utilizables. Con una corona que busca posicionarse como método interactivo de navegación, el guía S3 deja clara su propuesta: un reloj de siempre, de los que se inventaron para decir la hora, pero muy smart.

Esta es la apuesta que está perfilando Samsung deshaciendo los pasos de su primer Gear. Quizás es el único hueco que ha dejado Apple después de su 12 millones de relojes vendidos. No parecen muchos comparados con el iPhone, pero suponen más de la mitad de los smart watch adquiridos en todo el mundo.
El mercado y el tiempo dirán si los usuarios de reloj convencional querrán a la larga funciones smart o es un accesorio que pronto pasara de moda. Veremos."

Conclusiones

El Gear S3 se puede conectar por wifi y tiene GPS propio, algo que agradecerán motoristas y montañeros, aunque la verdad es que también ahí la falta de apps se hace sentir. No, no hay Google Maps, y los posibles reemplazos que he probado no parecen ir muy bien. Y aunque los diversos sensores para monitorizar nuestra salud funcionan bien, no hay que olvidar que este reloj cuesta 400 euros y nos podemos comprar una pulsera inteligente por menos de 50 que también lo hará. Lo cual nos lleva a la cuestión esencial: ¿realmente merece la pena?

Sin duda la tecnología de los relojes inteligentes ha mejorado mucho desde que hace dos años y medio probáramos el primero. Y Samsung ha hecho un trabajo excelente con este Gear S3 en cuestión de diseño, funcionalidad y comodidad de uso, aunque le lastre la falta de aplicaciones de calidad. El problema es que sigue sin estar claro para qué podemos querer un reloj inteligente, porque al final si no somos muy deportistas lo usaremos para consultar notificaciones sin sacar el móvil del bolsillo, y si lo somos no parece aportar mucho más que cualquier pulsera. Así que posiblemente el Gear S3 sea una de las mejores, y más caras, opciones si queremos un reloj inteligente, pero lo que no tengo claro es por qué querríamos tener uno.

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