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Análisis del Nubia Z11 mini

Esta semana el análisis tecnológico de Libertad Digital profundiza en los detalles del nuevo teléfono Nubia Z11 mini

Lo primero que llama la atención con la caja es el nombre. Corren rumores que aseguran que a quienes sin conocer la marca adivinan que aquí pone Nubia les dan un teléfono gratis o algo. Una vez abierta la caja tenemos el móvil, la clásica hoja informativa que ignoraremos, el pincho para abrir la bandeja y si retiramos el cartón del móvil pues nos aparecerá el cargador, que es normalito, sin carga rápida ni nada, y el cable, que es USB-C.

Pero vamos al móvil que es lo importante. Es un móvil con pantalla de 5 pulgadas, bastante bonito, y bastante parecido al iPhone 6 en los laterales, lo cual no es malo. La principal diferencia es el recubrimiento de cristal en la parte trasera con el lector de huellas fácilmente accesible para nuestro dedo índice, una ubicación que todo el mundo menos Apple le ha copiado a LG. No hay protuberancia para la cámara, pero al contrario que en el frontal no tiene tratamiento oleofóbico y se llena de huellas a los dos segundos de empezar a usarlo: seguramente en blanco no se note tanto. Por delante de los tres botones de Android sólo está visible el círculo central en un rojo apagado que se ilumina más cuando se enciende la pantalla. En definitiva, un diseño poco original –más de uno que me lo ha visto ha pensado que era realmente un iPhone– pero efectivo, además de ligero. Un detalle al que colabora que, pese a que primera o incluso segunda vista nunca lo dirías, aunque los laterales son de metal, los lados superior e inferior son de plástico.

Esta buena nota se traslada a las interioridades del bicho. Se trata de un móvil que cuesta 280 euros y cuenta con Snapdragon 617, 3 gigas de RAM, 32 gigas de almacenamiento ampliables mediante tarjeta microSD, pantalla FulllHD de 5 pulgadas (lo que nos da 441 puntos por pulgada) que no se ve mal bajo la luz del sol y cristal protector Gorilla Glass 3. Todo se mueve bien y como suele suceder con esta gama se puede jugar sin problemas con títulos complejos si tenemos paciencia porque tardan en cargar unos cien años, más o menos. La batería de 2800 mAh aguanta el día con comodidad aunque sin alharacas. ¿Dónde decae la cosa? La respuesta no sorprenderá a nadie: en la cámara. Que sí, que es de 16 megapíxeles y tiene sensor Sony con apertura f/2.0 y todo eso: pero es caer la noche y tendremos que renunciar a sacar fotos. Ha sido especialmente doloroso probar este móvil justo después del Google Pixel, que tan buen resultado daba en ese apartado. Pero no es algo que deba sorprendernos demasiado ni tampoco es mucho peor que los demás móviles de esta gama.

No obstante, el problema de verdad de este móvil viene cuando lo encendemos por primera vez y es el software. Comienza con detalles feos, como que la instalación paso a paso termine abruptamente para que podamos usar el móvil rápidamente, lo que significa que cosas tan básicas como asociarlo a una cuenta Google o configurar el bloqueo tendremos que hacerlo a través de los ajustes, que tampoco es que sea Física Avanzada, pero que resultará incómodo a quienes quieren usar un móvil sin trastear. Luego resulta que la versión de Android es la 5.1, que a estas alturas ya huele, pero nos entra la esperanza cuando vemos que hay una actualización disponible. Pero no, no es para eso. ¡Ah, pero hay otra! No, tampoco. ¿Uy, y ésta? No, que nada. Tres actualizaciones haces al empezar y ninguna sirve para cambiar la versión. Un poquito frustrante, amigos de Nubia.

La capa de personalización no es horrenda, pero tampoco aporta nada: lo mejor que ofrecerá a nuestras vidas es poder hacer gestos en los bordes de la pantalla para hacer cosas como abrir aplicaciones. También trae activada por defecto la posibilidad de abrir una aplicación muy completa, es verdad, de captura de pantalla dejando pulsado el lector de huellas. Algo que deberá ser lo primero que quitemos, porque da lo mismo con que pulsemos el lector, de modo que bastará con coger el teléfono de forma más o menos normal para que te aparezca la aplicación de marras, de la cual les aseguro que acabas bastante harto. Y los tres botones de Android no son los tres botones de Android, el de la izquierda sirve para abrir el menú contextual, algo que se empezó a dejar de usar cuando pasamos a Android 4. El de la derecha sirve para ir hacia atrás, teniendo que dejarlo pulsado para que nos aparezca el listado de apps abiertas para cerrarlas o movernos entre ellas.

Aun así, el verdadero problema es que tanto las apps como incluso los ajustes propios de esta capa parecen haber sido traducidos al español por un mapache ciego que desconoce el concepto de letra mayúscula usando el traductor de Google, lo cual trae problemas que van desde ajustar la “diapositiva de bordes” hasta que en la aplicación del reloj los nombres de las pestañas se dediquen a bailar la samba haciendo realmente difícil usarlo.

A ver, sé que soy un poco talibán de Android. Me parece un sistema bonito, cómodo y visualmente coherente. Así que tiendo a ver las capas de personalización como estorbos que añaden complejidad y ralentizan el móvil sin hacer realmente aportaciones valiosas. Pero en el caso de este Nubia Z11 mini esa capa y la antigüedad de la versión de Android con la que viene equipado se cargan de un plumazo toda esa sensación de calidad premium que ofrecía el diseño y el buen sabor de boca de la relación calidad/precio de sus prestaciones. Y en un rango de precios donde hay tanta y tan buena competencia es una pena. Nos vemos en próximos análisis.

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